Esto surgió
como una idea en una previa con unas parejas amigas. Los que nos conocen saben
de nuestros desafíos, nuestras apuestas y nuestros juegos, que, algunas veces
podemos concretar dando lugar a muchas historias algunas divertidas, algunas
fomes, muchas muy calientes y cada tanto alguna malita, para que negarlo. Me
incitaron mucho a que escriba a un libro con todas estas historias ya que consideran
que hay abundante material. Pero la literatura no es lo mío así que me voy a
limitar a relatar la historia del camionero que tantos nos han preguntado.
Veníamos con Alberto de regreso del fin de semana largo de Semana Santa. Paramos en una Copec (estación de servicio), a echar bencina, pasar por los baños, refrescarnos un poco y comprar algo para comer y tomar. Ya eran como las 23 y quedaba un trecho largo aun para llegar a Santiago. Mientras mi marido pasaba por el baño yo me quedé viendo que comprar; allí comencé a notar que un hombre me miraba insistentemente. Yo no pesqué y me fui a hacer la fila para pagar.. cosa muy difícil ya que no se porque se forman colas interminables. Y de repente, me doy cuenta que tengo al caballero atrás… unos 45 años, nada guapo, mas bien bajo, algo guatoncito, ni un brillo. Me comienza a decir que son lentos atendiendo, que de donde era, a donde iba, ese tipo de cosas. Yo le preguntaba lo mismo y me contó que manejaba un camión y que tenía un largo viaje por cerca de Mendoza y que hace un día que viajaba y le quedaban como dos días más.
Haciendo un
paréntesis, muchas veces salimos de viaje con la idea de hacer alguna locura en
la ruta, con algún uniformado, mochilero o camionero, pero nunca había
resultado nada. Esta vez pensé que era una buena oportunidad. A esta altura,
Alberto ya se había dado cuenta y miraba la escena desde lejos. Le pregunte a
Roberto, que así se llamaba el caballero, como hacía para no aburrirse tanto
tiempo manejando. Me decía que ahora los camiones estaban muy bien equipados,
aire acondicionado, buen sonido, reproductor de DVD, televisión, y que todo eso
ayudaba a disfrutar el viaje. Y ahí me preguntó si yo había estado alguna vez
en una cabina de un camión. Le dije que no, y me invitó a mostrarme como era… y
para mis adentros dije ‘hummm’. Le dije que bueno, que me mostrara pero yo
desde abajo y que tenía solo unos minutos porque estaba con una ‘amiga’ que
había parado a echarse un sueñito.
Nos fuimos
caminando hacia el camión y Alberto iba siguiendo mis pasos. El caballero se
subió al camión y yo me quedé escuchando la demostración desde abajo. Fue ahí
que me tomó algunas fotos, que como estaba oscuro y lejos no salieron muy bien.
Me insistía en que subiera pero yo quería que le costará un poco mas de
esfuerzo. Finalmente miré a Alberto, me hizo una seña que estaba todo ok y
subí. Me invitó un vasito de ron que tenía y conversamos de cosas tontas y en
un minuto me estaba tocando las piernas. Me decía que yo era estupenda, que
desde que me vio no podía dejar de mirarme y que jamás se imaginó que yo podría
haber aceptado subir. Le dije que yo tampoco, mientras el se ponía más atrevido
con sus manos. Yo lo dejaba hacer y miraba como se notaba lo duro que estaba
debajo de su pantalón, el me llevó la mano y ahí lo sentí mas y eso me terminó
de calentar. De ahí en más me sacó mi polera, mi sostén y me besaba la boca,
los pechos, el cuello mientas yo trataba de liberar a su muñeco. Cuando lo
consigo me doy cuenta que era de largo normal pero de un grueso muy sabroso,
comienzo a masturbarlo y el me baja mis pantalones y comienza a acariciarme por
delante. Luego me baja la cabeza para que le hiciera sexo oral, yo desconfiaba
que estuviera limpio pero por suerte parecía recién duchadito, así que ahí gano
el resto de los puntos para que me entregue. Haciendo cuento corto, se puso un
condón y comenzó a penetrarme primero encima mío y después me puso en 4. Allí
terminé mi primera vez y cuando me puso encima de él para cabalgar, terminé
otras 2 o 3 veces. Le pedí que terminara
en mi cara (a Alberto le encanta que llegue con mi cara y pelo con semen) pero
el me dijo que todavía no y que si podía entrar por atrás. Yo estaba muy
caliente además que me gusta ene el sexo anal y le dije que si. Me puso
nuevamente en cuatro y me penetró exquisitamente. Como era grueso me dolió un
poco pero el placer que vino después fue inmenso. No se cuantas veces terminé
pero fueron varias aunque el tipo no aguantó ni 5 minutos y salió, se sacó
rápido el condón y termino más en mi ropa que estaba desparramada en el piso y
en mi pantalón que no llegó a sacármelo completo, que en mi cara, pero rico
igual.
Me pidió mi
número de celular cosa que hice sin olvidarme equivocarme algún número, me
vestí y bajé. Otros camioneros que estaban ahí me vieron y uno me hizo señas de
que quería contratar mis servicios… no pesqué y me fui. Alberto estaba
excitadísimo pero en el auto no se podía hacer mucho así que tuvimos que
esperar hasta llegar a Santiago.
Seguramente el
pensó que yo caí en sus redes, pero no sabe que el cayó en las nuestras, aunque
seguramente no la pasó mal. Además ambos sabíamos que pasaría si yo aceptaba
subir y creo que para el también fue una experiencia positiva. Y para nosotros
fueron unos 30 minutos muy calientes y digno de nuestras aventuras.
